Aiken no tuvo que esquivar los blásters de los guardaespaldas de Max Mustang, porque en realidad no era él quien había disparado desde las sombras al final del pasillo. El experimentado soldado había estado practicando durante media semana con un droipet construido por Kalian Kol y programado por VI-DOX y él mismo, que sabía bastante sobre el manejo de sistemas cibernéticos y computacionales. El grácil aparato tenía la forma básica de un droide antropomorfo, aunque despojado de cualquier cubierta protectora, ya que las placas metálicas y el blindaje tradicional habrían dificultado su capacidad para pasar desapercibido frente a los dispositivos de electrodetección. Así que la máquina se parecía a un humano desollado, con todos los cables y los circuitos al descubierto. Pero no era un droide. La diferencia fundamental radicaba en que no poseía iniciativa propia: no tenía ningún chip de comportamiento, ni modulador vocal, ni era capaz de hacer nada por sí mismo. Era simplemente una marioneta controlada en forma remota por Aiken Drum, que tenía incrustados en los tobillos, rodillas, hombros, codos, muñecas y caderas diminutos (pero no por ello menos dolorosos) radiotransmisores, que comunicaban a los servos y articulaciones del muñeco todos los movimientos realizados por el titiritero. El robot a su vez enviaba todas las imágenes captadas por una cámara central, que poseía diversos filtros para permitir la visión en la oscuridad, al ojo izquierdo (ciberimplantado) del ex-capitán, quien podía aplicar su experiencia y sentido común a los datos suministrados por el video.
El resultado era un francotirador oculto que no necesitaba preocuparse por la cobertura, mientras un sigiloso asesino movía los hilos desde las sombras, listo para pasar a la acción y atacar por la espalda a los matones de Max, que en esos momentos acribillaban al droipet con sus rifles bláster, dejando cráteres humeantes en la enclenque pero efectiva estructura del autómata.
El jedi yacía delante de ellos, haciendo gala de sus propios orificios. Las primeras tres balas habían sido especialmente diseñadas para desactivar cualquier sable de luz que pudiera interceptarlas. Aiken sabía que Victorian Voog no solía llevar más de una espada encima, pero no había querido arriesgarse, y había gastado una pequeña fortuna en aquellos tres proyectiles recubiertos de cortosis. La segunda y tercera ráfagas habían estado compuestas por munición tradicional, balas taladradoras fáciles de conseguir en el mercado negro y famosas por la facilidad con que atravesaban la mayoría de las armaduras ligeras y los estragos que causaban en los órganos de sus víctimas. Por último, un par de proyectiles táser, destinados a dejar al jedi fuera de combate (en caso de que el daño masivo no lo hubiera hecho ya) el tiempo suficiente para que Aiken, que había tardado unos segundos en salir de su escondite (desligándose de paso del maltrecho droipet, que seguía recibiendo la cariñosa bienvenida de los tres guardaespaldas de Max) pudiera dispararle un par de cápsulas de veneno preparadas por Animah, que si no mataban al sacerdote-espadachín cuando menos lo mantendrían al margen del enfrentamiento.
Las luces apagadas, por otra parte, impedirían al jedi, si por algún motivo imprevisto permanecía consciente tras recibir tanta atención, emplear la mayoría de los poderes que Aiken conocía. Pero sólo por si acaso, el soldado lanzó una granada silenciadora al lugar donde se ocultaba Max, lo que a todos los efectos transformaba al jedi y a su jefe en seres ciegos, sordos y mudos.
Eso finalmente llamó la atención de los guardias, dos de los cuales se giraron a tiempo para rociar a Aiken con una andanada de haces de energía. El tercero, sin embargo, se demoró medio segundo de más, y paró la mayoría de los disparos dirigidos contra Aiken mientras el soldado le rompía el cuello.
Aiken se hubiera enfrascado directamente en una lucha cuerpo a cuerpo con la pareja restante, pero sabía que había cuatro droides de combate en las inmediaciones, y no tardarían en llegar. Así que pasó junto a los guardaespaldas esquivando sus puñetazos y puñaladas (lo que dejaba en claro que no se trataba de matones de barrio, ya que habían tenido la precaución de dejar de usar sus rifles al acercarse tanto a su blanco), y se lanzó contra Max antes de que éste pudiera escapar gateando.
En la pantalla virtual proyectada en el interior de su ojo izquierdo, un cronómetro se puso en marcha, indicando que la bomba latente en el interior del droipet se había activado al ser destruido el robot.
Aiken tenía 1 minuto antes de que el tercio superior del hotel Golden Reefs se convirtiera en un hongo anaranjado de fuego y humo.
Continuará...
* Aquí Aiken las hace de Ethan Hunt... en realidad, todo el plan es bastante Misión Imposiblero.
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